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Pangolines y pandemias

News Section Icon Publicado 20/02/2021

pangolín
Crédito: Unique Safari Eye

Sería difícil encontrar otro mamífero más perseguido, o más hechizante, que el pangolín.

El 20 de febrero es el Día Mundial del Pangolín. Una oportunidad para que todos centremos la atención mundial en las trágicas circunstancias que rodean a esta singular y hermosa criatura.  Circunstancias provocadas por el ser humano que están conduciendo a una extinción casi segura de esta especie amable y tímida.

Pocas personas han visto a un pangolín, un mamífero con una armadura cubierta de escamas parecido al oso hormiguero y al armadillo, aunque se han identificado ocho especies en dos continentes: África y Asia.

Tienen la trágica distinción de ser el mamífero con el que más se trafica en el mundo. De hecho, se calcula que, en 2019, se traficó con 195.000 pangolines por el valor de sus escamas (Challender, et. al., 2020).

En los mercados de consumo de Asia, la carne de pangolín se considera un manjar y las escamas de pangolín se utilizan en la medicina tradicional y como remedios populares para tratar diversas dolencias como el asma, el reumatismo o la artritis.  Aunque las escamas de pangolín están hechas de queratina, la misma sustancia de la que están compuestas nuestras uñas, llevan siglos utilizándose en la medicina china tradicional. No obstante, nunca se ha demostrado ningún valor medicinal.

Resulta difícil imaginar que, según el Grupo de Trabajo sobre el Pangolín Africano, solo durante 2018, las autoridades asiáticas interceptaron 48 toneladas de escamas de pangolín africano. ¡48 toneladas!  Es sin duda una cifra aleccionadora si se tiene en cuenta que cada pangolín tiene solo 70 escamas que pesan muy poco y que 48 toneladas representan solo una parte del número total de escamas con las que se trafica.

La crueldad que sufren los pangolines durante el tráfico con esta especie es enorme. Después de su captura, con frecuencia se les mantiene cautivos durante una semana o 10 días sin comida y se les almacena vivos en cualquier cosa, desde bolsas de plástico hasta un recipiente lleno de cerveza casera, que fue el destino de un pangolín africano.  No podemos imaginar los crueles métodos que se utilizan para sacrificarlos y despojarles de sus escamas.

A principios de 2020, se señaló al pangolín como el epicentro del brote pandémico.

animales enjaulados en mercado húmedo de China
Crédito: Monica Ninker

Si bien el origen de la COVID-19 se sigue investigando, se sospecha que este fue el mercado mayorista de mariscos de Huanan, en la ciudad china de Wuhan, donde había una sección de animales vivos que vendía numerosas especies de animales salvajes y de granja. Aunque se cree que los murciélagos son la fuente original, los científicos coinciden en que es más probable que los virus mortales se transmitan de un animal a un humano a través de un intermediario, posiblemente un pangolín.

Esto presenta un fuerte paralelismo con otros virus que han surgido por una vía diferente (la ganadería industrial), como las cepas altamente patógenas de la gripe aviar y la gripe porcina. Los efectos de estas enfermedades han sido devastadores y tienen su causa en el mantenimiento de criaturas vivas, que respiran y sienten (en este caso, pollos y cerdos), en las condiciones más antinaturales posibles: enjaulados, hacinados y confinados en explotaciones de ganadería intensiva.

Aunque los confinamientos por coronavirus en los países africanos han mermado el comercio de pangolines, este continúa.

A pesar de la pandemia, el tráfico ilegal de fauna silvestre es el cuarto delito mundial más lucrativo que contribuye directamente a la crisis de la biodiversidad.  Según palabras del profesor Ray Jansen, del Grupo de Trabajo sobre el Pangolín Africano, "Los pangolines no tienen enemigos naturales.  El hombre es su perdición absoluta".

A fin de cuentas, es importante tener en cuenta que los pangolines son una especie crucial.  Están inextricablemente ligados a nuestro ecosistema y son fundamentales para el equilibrio de la biodiversidad en nuestro planeta.  Según palabras del ecologista Ghislain Ngongo Njibadi, que trabaja en Gabón, en África occidental, "Si esta especie desaparece, no hay duda de que el bosque también morirá".

Sophia Zhang, empleada de la Fundación para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Ecológico de China (CBCGDF), recoge una muestra de secreciones bucales y nasales del pangolín llamado Lijin para su análisis en el centro de salvamento animal de Jinhua, ciudad ubicada en el centro la provincia de Zhejiang, en China oriental.
Crédito: CBCGDF a través de AP

Ya es hora de que dejemos de invadir los hábitats silvestres por la codicia y los beneficios comerciales.  Que dejemos de explotar y perseguir a los animales basándonos en un mito y reconozcamos el hecho de que mantener a animales, ya sean salvajes o de granja, en condiciones de estrés, hacinamiento y enjaulamiento, es un caldo de cultivo para numerosas enfermedades. Tanto si se trata del pangolín como de un cerdo en una granja, las crueles condiciones a las que se ven sometidos no solo son inhumanas, sino que suponen una grave amenaza de enfermedades que pueden propagarse por todo el mundo.

Si algo nos ha enseñado la pandemia, y los pangolines que han cobrado protagonismo en ella, es que proteger a los humanos significa también proteger a los animales.  Tratar a los animales con compasión tiene que ser un principio fundamental para una sociedad sostenible. Y, al hacerlo, estaremos protegiendo nuestro planeta para las generaciones venideras.

 por Philip Lymbery

Globe

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